Un cuento de hadas indigesto

Un cuento de hadas indigesto

Fuente: Transdoc, 23/05/2014 12:33 pm

Eulàlia Iglesias



Gracia de Monaco es la historia de cómo Grace Kelly dejó de preocuparse y se convirtió en Gracia de Mónaco. Una ficción que presuntamente desmonta un cuento de hadas para acabar construyendo otro todavía más irreal. Nicole Kidman se pone en la piel de la actriz estadounidense que se casó con el príncipe Raniero de Mónaco en el nuevo film de Olivier Dahan, el realizador francés que también perpetró La vida en rosa, el biopic de Édith Piaf.

Tras un breve prólogo de situación, la película arranca en 1961, cuando Grace ya lleva más de cuatro años de matrimonio con Raniero (Tim Roth) y recibe la visita de Alfred Hitchcock. El director propone a su intérprete favorita que protagonice un nuevo film, Marnie, la ladrona. La oferta desencadena una tormenta en Mónaco que pone en evidencia el desencaje de la protagonista.

La joven y moderna estadounidense no deja de chocar con las rutinas y protocolos de este rancio principado europeo donde las aristócratas prefieren organizar bailes caritativos a restaurar los orfanatos. La decisión de Grace de volver a su antiguo trabajo se produce en un momento en que Mónaco vive una crisis histórica. Harto de que muchos empresas y no menos ciudadanos de Francia se establezcan en el principado para no pagar impuestos, Charles De Gaulle amenaza con bloquear la frontera entre ambos estados.



Durante la primera parte del filme, que se estrena hoy tras su pase en el Festival de Cannes, Dahan lleva a cabo el retrato de una princesa triste -Kidman aparece la mayor parte del tiempo con los ojos enrojecidos-, como si pretendiera mostrar la oscura realidad tras el cuento de hadas monaguesco que vendía la prensa rosa. Los habitantes de Mónaco ven a Grace como una una extranjera, su ayudante de cámara parece la heredera directa de la ama de llaves de Rebeca, las damas del país la consideran una intrusa y su esposo siempre ausente reprime sus deseos de continuar con su carrera como actriz.

En el momento álgido de la crisis matrimonial, el film insinúa que Raniero no se casó tanto por amor sino porque así se lo sugirió Francis Tucker (Frank Langella), sacerdote estadounidense y consejero de confianza de la princesa. Se dibuja a una Grace tan desgraciada en su jaula de oro que llega a plantearse regresar a los Estados Unidos.

Hasta que recapacita y deja de preocuparse. Siguiendo la sugerencia de Tucker y pensando en sus hijos, Grace Kelly aprende a interpretar a Gracia de Mónaco. Y a partir de aquí la película se convierte en una fabulación todavía más irreal que la urdida por algunos medios de comunicación. La serenísima princesa reconquista el amor de su marido y el cariño de su pueblo. Pero también desactiva una serie de intrigas palaciegas y reestablece las buenas relaciones con los estados vecinos.

Una princesa irreal y ridícula

Su victoria se corona con un largo discurso en el baile anual de la Cruz Roja digno del de la ganadora de un concurso de Miss Universo. Con Gracia de Mónaco, Olivier Dahan lleva a cabo un proceso en dirección contraria a la esperada. En lugar de desnudar al mito para llegar a la persona, parte de la persona para acabar convirtiéndola de nuevo en una princesa totalmente irreal y ridícula.

A pesar de su tono de cuento de hadas, la familia real monaguesca ha expresado públicamente su enojo por el film. En una declaración oficial, los hijos de Grace Kelly, Alberto, Carolina y Estefanía comentaban que habían solicitado un cierto número de cambios que los responsables del guión habían ignorado. Los tres subrayaban que varias de las escenas del film debían entenderse como “pura ficción” e insistían en que “la película no debe considerarse en ningún momento un biopic (...) ya que narra una página de la historia de Mónaco y su familia reescrita e innecesariamente glamurizada, que cuenta tanto con graves inexactitudes históricas como con una serie de escenas totalmente ficticias”. De hecho, la película arranca anunciándose como “una ficción inspirada en hechos reales”.

Por otro lado, hace un par de semanas Harvey Weinstein apuntó que consideraba renunciar a la distribución norteamericana si no se remontaba la película. El antiguo mandamás de Miramax pretendía ofrecer una película más atractiva y luminosa al público de su país introduciendo escenas ambientadas en la época en que la actriz trabajaba en Hollywood y con una mayor contextualización histórica del principado de Mónaco.

Al director Olivier Dahan le amparan las leyes francesas de protección de los derechos de autor que le garantizan el control sobre el montaje final y parece que finalmente Weinstein habría aceptado respetar esta versión a cambio de pagar menos por el film. Una polémica que no atañe a la distribución española del film.


"EL SENTIDO COMÚN NO ES UNA GARANTÍA DE ÉXITO, PERO LA FALTA DE SENTIDO COMÚN ES UNA APUESTA POR EL FRACASO"

 






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