Guardianes invisibles en la frontera entre México y EE.UU.



Guardianes invisibles en la frontera entre México y EE.UU.

Anahí Aradas

BBC Mundo Tecnología


Al caer la noche en el desierto que separa a México del estado de Arizona, en Estados Unidos, aumenta el trajín de inmigrantes indocumentados, traficantes de droga y patrullas, en ese hostil juego al escondite que se practica en torno de vallas metálicas y muros de concreto.

Un tercer actor observa la escena en silencio: es un ejército de guardianes electrónicos que llegan allá donde no lo hacen ni el brazo de la ley ni las leyes de la física.

Un paso en falso y las que parecían meras rocas despiertan de su letargo y envían señales de alerta a la torre de vigilancia.

Segundos más tarde, radares y cámaras infrarrojas recorren el llano en busca de intrusos.

Los datos viajan a través de microondas hacia la sala de control y de ahí a las patrullas que en sus unidades móviles reciben coordenadas e imágenes con las que pueden saber de antemano si el objetivo está o no armado.

Un sueño agridulce

Lo descrito arriba es un "sueño americano" o al menos el de las autoridades fronterizas de Estados Unidos, que en los últimos años han usado a Arizona como campo de pruebas de la llamada "valla virtual".

Un proyecto que el gobierno del presidente George W. Bush aprobó en 2006 bajo el nombre SBInet y que planteó incorporar tecnología de vigilancia a lo largo los 3.185 kilómetros de frontera.

El plan, que debería haber entrado en operaciones en 2011, ha sido un auténtico quebradero de cabeza tanto para la administración Bush como para la de Obama. Principalmente por costoso y lento y por estar plagado de problemas técnicos que llevaron a su suspensión en 2010.

Según el Departamento de Seguridad Nacional, el contribuyente ha gastado US$1.000 millones en proteger con tecnología un tramo de apenas 85 kilómetros.

Aun así, el sistema demostró ser incapaz de distinguir en ocasiones un árbol de una persona en un clima ventoso y ser demasiado lento a la hora de enviar la información.

No era la primera vez que la tecnología resultaba ser un fiasco: dos intentos anteriores en 1998 y 2005, respectivamente, también fracasaron por su escasa efectividad (sólo el 1% de las alarmas se tradujeron en arrestos).

Pero Estados Unidos no ha arrojado la toalla y quiere invertir otros US$750 millones en un plan alternativo conocido como "Torres Adaptadas Integrales" (IFT, por sus siglas en inglés), que con el mismo concepto apela al mercado en busca de tecnologías ya existentes y baratas, en lugar de depender de los departamentos de investigación y desarrollo de compañías como Boeing.

"La idea es combinar el uso de infraestructura táctica y física, como muros y cercas, con tecnología de sensores para identificar qué pasa e identificar de qué se trata: si alguien cargando una pistola o portando sus pertenencias", le explicó a BBC Mundo Mark Borkowski, del área de innovación tecnológica del Departamento de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos (CBP).

"Un grupo es obviamente una mayor amenaza que la otra. En una tercera dimensión están los agentes.

Nosotros queremos incrementar la efectividad de los agentes y la tecnología se usa para darnos indicadores de que algo pasa, saber lo que pasa y darnos suficiente información para que las patrullas puedan seleccionar el modo de atacar el problema".

Rocas que espían


Según la Sindicatura de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos, entre 2003 y 2007 se adquirieron unos 7.500 sensores para plantarse a lo largo de la frontera con México.

Estos se usan para establecer perímetros de detección de movimientos y son del mismo tipo que los que se emplean en Afganistán.

Conocidos en inglés como unattended ground sensors (UGS), estos dispositivos se han utilizando desde la década de los años 70, pero actualmente pueden llegar a tener el tamaño de un grano de arroz, recargarse con energía solar y ser operativos durante décadas.

Bajo el plan SBInet, además de adquirirse UGS de última generación, se erigieron en Arizona torres de vigilancia estacionarias de entre 12 y 36 metros de altura, equipadas con radares infrarrojos y sensores ópticos.


"Los radares pueden detectar actividad y activar las cámaras. Muchas de las tecnologías como los UGS no saben qué se mueve por ahí.

Podría ser un animal o una persona. Gracias a estos dispositivos podemos liberar a las patrullas de la tarea de "mirar" los monitores de las cámaras y así ocuparse de otras amenazas", explicó Borkowski.

Fantasmas del desierto

A la labor de los sensores, se unió recientemente la de los "fantasmas del desierto", nombre por el que algunos conocen en esta frontera a los aviones no tripulados (o drones) Predator, capaces de ubicar a personas y vehículos desde una altura de 6.000 metros.

Estos aparatos disponen de un radar, siete cámaras de video, sensores infrarrojos y un potente zoom. Cada unidad tiene un costo de US$20 millones y, según el Departamento de Seguridad Nacional, nueve de ellos ya patrullan los cielos de Arizona, Florida, Texas y Dakota del Norte.

En el caso de Arizona, añade Borkowski, "estamos incorporando en las patrullas prismáticos termales (para detectar el calor de objetos móviles), así como sistemas de vigilancia móvil".

Estos últimos, instalados en las patrullas, le permiten a la guardia de frontera recibir automáticamente las imágenes tomadas por cámaras y radares.

Por otra parte, Borkowski detalla que el gobierno está tratando adquirir tecnología capaz de detectar narcotúneles y usar parte del presupuesto en la reparación de los sistemas ya existentes.

En el marco del nuevo plan IFT, el Departamento de Seguridad Nacional convocó en abril un concurso invitando a empresas privadas a presentar sus propuestas para la construcción de seis nuevas torres con radares y cámaras, que deberán estar instaladas en distintos puntos de la frontera para 2020.

Según se especificó, las nuevas torres tendrán que tener la capacidad de detectar a una persona en un radio de ocho kilómetros.

Plan ambicioso

Fuentes del gobierno estadounidense han dicho que con la valla virtual intentan detectar entre el 70% y el 80% de las incursiones en la frontera empleando a un número menor de efectivos y patrullas.

Pero se desconoce todavía como el gobierno piensa seguir adelante con la titánica (y costosa) labor de custodiar la frontera a golpe de tecnología, sobre todo en tiempos de austeridad.

Lo que sí es posible, es que teniendo en cuenta el vertiginoso ritmo al que avanza la tecnología y la lentitud con las que las autoridades vienen rascándose el bolsillo, en caso de culminarse, la futura valla virtual estadounidense termine sorprendiendo a sus mismos creadores.


 



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